Susana

“Me hizo muy bien tener a alguien con quien hablar, a
quien poder decir en voz alta lo que te asusta”

La profesora tiene aún la tormenta muy reciente, de hecho, le realizaron este
reportaje el mismo día que se despedía del tratamiento.


La maestra de Infantil es una persona profundamente positiva aunque no pudo evitar ponerse en lo peor cuando se notó una hendidura en la parte baja del pecho. Ya había vivido la enfermedad en algunos miembros de su familia.

Susana entró dos veces en quirófano

Era portadora de la mutación de los genes BRCA y tuvieron que amputarle las dos mamas. La operación no fue bien, los drenajes no funcionaron. La quimioterapia se retrasó porque la herida no cicatrizó bien y tuvo reacciones alérgicas.

Uno de sus refugios fue tener cerca los dibujos de sus alumnos de cinco años. Le hacían sentirse querida.

“Mi madre, mi hermana, mi amiga, mi marido, mis compañeras del colegio… Todos estuvieron ahí cuando más lo necesitaba”.

En esos días de tratamiento, Susana descubrió el valor terapéutico del silencio mientras paseaba por zonas tranquilas.

“Te centras en el movimiento de tu cuerpo y te vas animando poco a poco”.

Susana también se dio cuenta de que necesitaba estar a gusto consigo misma, por eso cuidarse fue una manera de conseguirlo. Entre sus cobijos, destacó un set de maquillaje, unas mancuernas para fortalecer los músculos o un curso de cocina que realizó para comer mejor y más sano.

La profesora destaca el apoyo de los profesionales -cirujanos, oncólogos y radiólogos- Su amiga Silvia y su cirujana fueron interlocutores esenciales en los momentos más difíciles.

“Me hizo muy bien tener a alguien con quien hablar, a quien poder decir en voz alta lo que te asusta, lo que te preocupa”.

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