Me trasladé a Nueva Delhi desde mi ciudad natal de Lucknow (en el estado de Uttar Pradesh en el norte de la India) en 2006. Han transcurrido 13 años y las cosas no han hecho más que empeorar día tras día en lo que respecta al medio ambiente.

Hay aspectos de Delhi que realmente me gustan. Por ejemplo, la ciudad cuenta con muchos más espacios verdes en comparación con otras grandes ciudades del país. Sin embargo, la vegetación por sí sola no puede ayudarnos a combatir la contaminación si la gente no pone de su parte.

Estamos acostumbrados a la niebla contaminante y a una intolerable mala calidad del aire durante días e incluso semanas enteras. Sin embargo, al reducirse los niveles de emisiones durante el confinamiento debido al coronavirus, el color del cielo sobre Delhi y sus alrededores ha cambiado repentinamente a azul. No habíamos visto algo así en años. Esto ha resultado ser una bendición para el medio ambiente, pero solo será temporal.

Por lo general mi esposa, que es nutricionista, mis hijos de ocho y tres años y yo tenemos problemas para respirar y padecemos de enrojecimiento y ardor en los ojos. El aire altamente tóxico está haciendo que nuestros pulmones trabajen en exceso y no puedan soportarlo.

Los niños pequeños se llevan la peor parte. Las escuelas cerraron durante unos días porque era peligroso que los niños respiraran el aire. La mala calidad del aire es el resultado de múltiples factores, como la combustión del carburante de los vehículos, el polvo, la contaminación industrial, la construcción excesiva y la quema de cultivos secos.

Algunos esfuerzos medioambientales han comenzado a nivel popular. La gente se está involucrando en iniciativas como el compostaje de sus residuos de cocina o incluso la limpieza de los alrededores durante sus paseos matutinos. También se realizan más esfuerzos para crear conciencia sobre cómo separar adecuadamente los residuos. Además, debemos tomar medidas como el uso del transporte público, el uso compartido de vehículos y el traslado de las industrias a lugares fuera de la ciudad. Ha habido algunas historias de éxito, como la operación de la mayor red metropolitana del país y el funcionamiento de todo el transporte público con combustible limpio. Espero que la generación de mis hijos pueda respirar aire puro y beber agua limpia. Están en su derecho.

Los empleados de Roche, ante el cambio climático



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